Esta mañana me dedique a charlar con mi mente, descubrir por que siento ese vacío al escribir, esa frustración. Realmente no saque ninguna conclusión que me produjese satisfacción. Le pregunte como le iba a mi imaginación allá, donde sea que estuviese metida, donde sea que este la fosa donde se escondió. ¿Cuándo regresaría? Y si debería esperarla sentada por si acaso se demoraba demasiado. Le conté (o me conté) como me sentía. Como un objeto pesado que poco a poco se va hundiendo en un mar oscuro y espeso, sin sol que reflejase un poco de esperanza. Pero que lúgubres pensamientos suelo tener.
Y más horribles las emociones... Voy perdiendo cordura que me es difícil recuperar y no veo el momento de sanar mis extraños minutos de locura. Me envuelve la ira... Eso es, no se de donde viene ni a donde vaya a parar, solo se que llega tan repentino como se va. Me bloquea, y siento que me es tan difícil recuperar La Paz.
Le dije a mi imaginación que la extrañaba, que hace mucho se fue junto con mi seguridad... Aunque esta última se fue mucho antes. He perdido varias oportunidades por eso, y la locura va aumentando, tomando el espacio que mi sana mente ocupaba.
Pero dicen, que solo los locos gozan de la locura, aquella locura de la que los cuerdos se pierden, porque para un loco el mayor de los placeres es perderse. Espero no perderme en ese oscuro y espeso mar sin saber como y donde esta el camino por el que se regresa, y espero no hundir gente en mi camino.
Pero, ¿que puedo perder? Quizá la resistencia es la que me tiene tan mal, quizá debería entregarme a aquel mar y dejar de turbar tanto sus aguas, así quizá solo quizá, el mar cambie de color.


