El ambiente era pacífico, podía respirar el aroma a hierba. Apenas se escuchaban los susurros del verdoso río sobre el cual las libélulas volaban, atraídas por el reflejo del sol.
Nos sentamos sobre una mesa de piedra donde había mas sombra, luego de eso decidí recostarme, con mi cabeza descansando en sus piernas. El deslizo su mano hasta mi abdomen y lo acarició , estuvimos así un rato. Hacía calor, de ese abrazador que caracteriza al verano, pero al contrario de las tardes, el calor matutino era agradable.
- A veces me gustaría vivir en un lugar pacifico y tranquilo como este. - Me dijo pensativo, sin dejar de acariciar mi abdomen.
- Pero creí que a ti no te gustaban ese tipo de cosas - le comenté mientras me cubría de los cachitos de sol que alcanzaban mi rostro. Luego el retiró mi mano y me cubrió del sol por mí.
- Mi forma de pensar en veces cambia.
- Todos tenemos permitido cambiar de opinión y retractarnos. - Luego de mi ultimo comentario cerré mis ojos y me dejé mecer por el ruido de las hojas, los pájaros, los insectos, el aspersor, y el susurro del río. Di un respingo. Ya iba siendo hora de marcharnos.



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